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DESCUBRIENDO ARMENIA: TURISMO RESPONSABLE

Es muy temprano en Gavar, en donde todavía no hay ningún movimiento, y salgo a la calle para fotografiar la perspectiva desde mi casa a las montañas nevadas en junio.
micalle
Ayer no cogimos el coche, nos quedamos aquí visitando la ciudad. Gavar está a un poco menos de 100 kilómetros de Ereván, la capital de Armenia, en la región de Gegarkunik y muy cercana al lago Sevan. Desde allí recorrimos el país en el tiempo que nos permitió nuestra estancia.
Gavar tiene unos 25.000 habitantes y sus características son las mismas que la mayoría de las poblaciones que visitamos, a excepción de la capital. Se notan los años en los que fue una de las repúblicas soviéticas, desde 1920 a 1991, en las construcciones en uso y en los edificios abandonados. Algunos de estos edificios se intentan recuperar en un proceso más ambicioso y más ilusionante de reinvención o de encontrar una identidad propia en un territorio propio mucho más pequeño que el que habitó, hace más de un siglo, el pueblo armenio, mientras compartía con otros pueblos una larga trayectoria de poder por ocupar un lugar en el que abandonar el nomadismo.
Ese día, en el Museo de Historia Local intentamos acercarnos a la comprensión de esa evolución, de aquello que no se percibe a simple vista y que permanece en la memoria colectiva armenia. Esa pequeña muestra debe ser completada con la observación, con la ampliación en otros lugares, como el Museo de Historia de Ereván, en la conocida como «Plaza Rosa» por el color de la piedra, y en la búsqueda de otros elementos, algunos de ellos muy cotidianos, que no deben pasar por anecdóticos.
En una esquina al final de mi calle de Gavar está el obrador, que cuenta con una pequeña cafetería, en donde siguen elaborando pakhlava y gata de manera tradicional. En la cocina y el mercado armenios hay una predominancia de la carne y de la leche y todos sus derivados en incontables tipos de mantequilla, quesos y yogures.
pakhlava
gata
Su forma de vida no se puede entender sin una actividad que les sigue acompañando desde el inicio de los tiempos: el pastoreo, esa tarea que conserva su nomadismo original. En esta época los animales se encuentran todavía a una altura intermedia de la montaña. Falta subir más arriba a partir de agosto, para volver a bajar cuando el frío se haga insoportable. La lana de estas ovejas se utiliza para tejer las características alfombras de doble nudo. Cada una de ellas tiene un dibujo distinto, que repiten patrones muy antiguos, con resultados muy cotizados en la cosmopolita Nueva York.
pastores
Entender la forma de vida del pastoreo implica reconocerse en el paisaje y eso explica muchas cosas, incluso el porqué de las comunicaciones. Pero no es únicamente el pastoreo, sino también el comercio con animales, por eso todavía hay caravasares como el situado arriba de la montaña en la carretera que nos lleva de Martuni a Jermuk a disfrutar de su balneario y una barbacoa junto al río Arpa. A lo largo de todo el territorio existen pequeños refugios que permiten disfrutar de una comida campestre acompañada siempre por el pan lavash.
caravasar
El pan lavash se sigue haciendo de manera tradicional en los tonir, hornos abiertos metidos en el suelo. Es un trabajo durísimo en el que colaboran dos mujeres con medio cuerpo dentro de la tierra a la misma altura que el horno: una amasando el pan y la otra pegándolo en las paredes calientes del tonir.
panlavash
lacteos
Esta primavera tardía que se vive a finales de junio, deja los campos cercanos a Ereván cargados de uno de los frutos más característicos del país: los albaricoques. Le acompañan multitud de cerezos con fruto que nos parecen neones naturales iluminando la carretera que nos lleva a Garni y a Geghar. La granada, vinculada siempre al nombre de Armenia, se cultiva en el sur, en el territorio más caluroso cercano a Irán, que nos recuerda las rutas caravaneras entre el desierto y las montañas del Caúcaso. La fruta se deja secar y, añadiéndole frutos secos, se hacen unos pinchos y collares muy sabrosos. La miel que adereza estos dulces está sacada de praderas donde puede haber más de cien tipos de flores.
dulces
El intento por comprender toda una forma de vida que algún día fue, nos lleva de una punta a otra del país, siguiendo uno de los nexos más importantes de la cultura armenia: la religión. Vinculándose a los pueblos de las tribus de Israel, los armenios fueron los primeros en declarar la religión católica como religión de Estado. Las pequeñas iglesias armenias están diseminadas por todo el territorio nacional, en lugares en los que apreciar también la belleza natural de esta región caucásica.
dilijan
Exceptuando la sede del Catolicós armenio cercana a Ereván, Echmiatsin, que forma un conjunto más poderoso haciendo honor a su jerarquía, la mayoría de las iglesias se encuentran situadas en parajes acompañados de una naturaleza muy singular; el monasterio de Geghard, cuna del monacato, con pequeños eremitorios excavados en la roca, y cercano al templo griego de Garni, como testimonio del paso de una civilización a otra; Khorp Virap, aislado de todo y con la vista perenne del Ararat; Dilijan, en lo que se conoce como la «Suecia» armenia; Tsagkhador, que ahora es un importante resort de esquí... y, sin duda, Savanavank, el monasterio que antes estaba situado en una isla en el lago Sevan y ahora es una península. No cuesta comprender como, en 1930, Ósip Mandelstam se inspiró aquí, en soledad contemplativa, para escribir sus poemas dedicados a Armenia.
sevanavank
En este empeño por ir en contra de la naturaleza, el lago Sevan sufrió un plan de desecamiento para drenar el agua de los ríos que lo alimentaban y llevarla a otros espacios, aumentando la irrigación y la producción agrícola en otras tierras. Otras acciones más severas, con el mismo objetivo, dejaron prácticamente seco el lago Aral, en Asia Central.
lagosevan
En las luchas de los pueblos nómadas por conseguir un espacio de poder, también estaba la necesidad de buscar una salida al mar imprescindible para comerciar. Pero el lago Sevan es el único «mar» que queda en el territorio que fue conocido como la Gran Armenia que comprendía tres lagos, tres grandes ríos y tres mares. Probablemente, sin abarcar todo ese antiguo territorio tampoco se pueda interpretar el origen de lo que hoy es Armenia: las rutas de paso y la riqueza comercial entre puertos.
Además de la religión, otro hecho que les confirió una importante identidad fue la escritura inventada por Mesrop Mashtot en el siglo V d. C., conocida como escritura de los pájaros por la forma que tienen las letras. Su generalización contribuyó a desarrollar una vasta cultura escrita en los monasterios que hoy se exhibe en el Matenadaram. En las escaleras que conducen hasta allí, un montón de niños procedentes de la diáspora armenia quieren, como nosotros, conocer todas las vinculaciones culturales que permanecen, una explicación a por qué son como son en cualquier lugar del mundo.
Y en cualquier lugar donde vivan hay un khachkar. En Armenia el khachkar une la abundancia de piedra con el arte de hacer cruces, cada una con un dibujo distinto, que convierten muchos lugares, al igual que los monasterios, en museos al aire libre. El cementerio de Noratus, el más antiguo y grande de Armenia, muy cercano a Gavar y al lago Sevan, es un lugar muy especial. Sus khachkar se remontan al siglo X pero, además, el cementerio está en un lugar cuya elección no puede ser ni mucho menos casual y allí, la impresión del paso del tiempo, que otros llaman melancolía, es muy densa. Así, ese lugar es origen de historias que se sitúan a medio camino de la leyenda, como la que relata la batalla contra las tropas de Tamerlán en la que los khachkar, cubiertos de viejas ropas, parecían un ejército temible.
noratus
Todas las suaves laderas que hay alrededor de Gavar están llenas de miles de flores que se concentran dándonos una imagen monocolor o multicolor, según sea su agrupación, y una miel exquisita que acompaña el pan lavash.
Este pequeño país que es Armenia tiene una historia tan infinita como sus interminables praderas.
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Este ir y venir entre llanuras y montañas está enmarcado en un programa de «turismo responsable» de la ONG Good Hope que ayuda a niños discapacitados. El alojamiento que se paga en esta casita de una calle de Gavar va destinado a su ayuda y voluntarios de esta organización te acompañan en tu recorrido. (https://www.facebook.com/Good-Hope-NGO-535722489788324/?fref=ts).

Carmina Verdú Cano

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