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Enoturismo en Murcia

En la Región de Murcia se cultivan viñas y se crean vinos desde los tiempos de los romanos. Vinos blancos, tintos y rosados ricos en matices y que cada vez gozan de mayor prestigio entre el público de todo el mundo. Destacan los de las tres Denominaciones de Origen existentes: Bullas, Jumilla y Yecla así como los del Campo de Cartagena y Ricote. La variedad de sus denominaciones y bodegas posibilita la oferta de rutas vinícolas por la región.

Las rutas enoturísticas que propone Turismo de Murcia recorren las tres principales denominaciones de Origen de la Región de Murcia, uniendo la cultura del vino y su deleite con otros aspectos naturales y culturales que se sitúan en su entorno. Un placer para los sentidos:

RUTA 1: Ruta del vino de Bullas
RUTA 2: Ruta del vino de Jumilla
RUTA 3: Ruta del vino de Yecla

FUENTE:
Consejería de Cultura y Turismo. Región de Murcia.

Más Información:Rutas enoturísticas de la Región de Murcia, Una experiencia para los sentidos (PDF)

 

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Rutas por la Vall d'Albaida (Valencia)

La Vall d'Albaida es una comarca natural e histórica enclavada en la Comunidad Valenciana. Limita geográficamente con comarcas importantes como son "La Costera" y "La Safor" en la provincia de Valencia, y "l'Alcoià", "El Comtat" y "l'Alt Vinalopó" en la provincia de Alicante. El valle destaca por la enorme diversidad que presenta en sus actividades y productos, entre las cuales destacan atractivas rutas, como son la de las villas medievales, la ruta de los “relojes de Sol”, la de los pueblos de Benicadell y la de productos locales.

La Ruta de Villas Medievales recorre las poblaciones de Llutxent, Albaida, Ontinyent, y Cocairent. En las mismas puede descubrirse cómo se implantó la nueva organización social y el reparto del territorio que realizaron los primeros colonos cristianos en el siglo XIII, y cómo la convivencia entre las dos culturas –mora y cristiana- se prolongó durante 350 años .

En cuanto a la distribución geográfica se pasa de la concepción andalusí, donde el hábitat se encuentra diseminado y disperso, con proliferación de alquerías próximas a pequeñas unidades hidráulicas, a una concepción cristiano-feudal donde las personas se agrupan para vivir la en villa y mejorar en seguridad. El urbanismo se adapta a la topografía, y muestra de ello se refleja en las villas de Albaida, Ontinyent y Bocairent.

FUENTE:
La Vall d’Albaida – Rutas Temáticas

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Rutas para descubrir Villajoyosa (Alicante)

El Servicio Municipal de Visitas Guiadas de La Vila Joiosa (Villajoyosa) se puso en funcionamiento en 1998 con el objetivo de mostrar a los visitantes y a los propios vileros el extraordinario patrimonio cultural de nuestra ciudad y de su término municipal. Mediante el uso de técnicas de interpretación del patrimonio, las visitas guiadas se realizan por personal especializado cuya actualización y reciclaje profesional son responsabilidad del propio museo. Se trata de una experiencia de calidad, avalada por un altísimo grado de satisfacción y por un número de visitantes en constante crecimiento.

Los principales hitos de las rutas son el Museo Municipal, el Conjunto Histórico del Casco Antiguo, la Casa Museo La Barbera dels Aragonés (que incluye visitas teatralizadas) y los museos del Chocolate. También se pueden visitar otros lugares de interés, como monumentos ibéricos, romanos, torres renacentistas de costa, el patrimonio urbano moderno y contemporáneo, etc. Se pueden realizar rutas temáticas que enlacen algunos de estos elementos: la Vila Joiosa romana, La Vila Joiosa ibérica, la ruta de los Corsarios, la ruta de la Industria del Chocolate, etc.

Además, en los meses de verano, de junio a septiembre, también se ofrece la denominada “Ruta de los Corsarios”, que realiza una vista por el casco histórico, su iglesia-fortaleza medieval y las murallas renacentistas. También, las visitas teatralizadas en la finca-museo Barbera dels Aragonés (una casa solariega ambientada en el siglo XIX), amplía al exterior de sus jardines el recorrido.

FUENTE:
Museus de la Vila Joiosa

Más Información:
"La Vila recuerda su historia dando vida a sus personajes"
"Viaje guiado a La Vila de 1910"
Rutas senderistas por Villajoyosa
Inauguración visitas Finca La Barbera

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Rutas del Reino de Navarra

Navarra es un destino tranquilo que ofrece un interesante patrimonio cultural y una sugerente variedad de paisajes. Es una tierra de arraigadas tradiciones y fiestas únicas que reflejan el carácter amable y extrovertido de sus gentes. Y es un lugar para disfrutar de una exquisita gastronomía.

Su diversidad viene marcada por un paisaje de contrastes que ha perfilado a lo largo de los siglos pueblos y caracteres diversos, tradiciones diversas, climas y cultivos diversos. Una variedad que puede descubrirse a través de alguna de las 10 rutas que propone el gobierno navarro:

FUENTE:
Turismo Navarra. Gobierno de Navarra

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Ruta salinera de Torrevieja

Entre las rutas que pueden realizarse para descubrir los encantos de Torrevieja figura la salinera. Parte de la plaza de la Estación, en cuyas inmediaciones hay gran cantidad de recursos que muestran la importancia histórica de la sal para la ciudad, como el Acequión Salinero y su Puente de Sillería del S. XV, el Centro de Interpretación de la Industria Salinera, la explotación salinera, el Museo de la Habanera Ricardo Lafuente, la Sala de Exposiciones Antigua Estación de RENFE y el inicio de la Vía Verde.

La plaza recibe su nombre de la Antigua Estación de Ferrocarril que fue inaugurada a finales del S. XIX y que soportaba el trazado ferroviario que unía Torrevieja con el pueblo de Albatera.

Este ramal fue construido por Ferrocarriles Andaluces y no llegó a cumplir los 100 años, con un origen claramente relacionado con la necesidad de transportar la sal hasta el puerto de Alicante. Según cuentan los cronistas, en su inauguración el tren descarriló y todos los personajes que transportaba llegaron a la ciudad en viejas tartanas.

Contiguo a la Sala de Exposiciones Antigua Estación de RENFE, se encuentra el Museo de la Habanera Ricardo Lafuente, una exposición de recuerdos, fotografías, placas y galardones del Maestro Ricardo Lafuente Aguado, creador de numerosas habaneras.

La sal ha influido enormemente en la vida local y con la habanera volvemos a apreciar este hecho. Desde la fundación administrativa de Torrevieja en el año 1803, coincidiendo con el traslado de la administración de las Salinas de La Mata y de varias familias de salineros a Torrevieja, el pueblo fue tomando importancia como villa marinera dedicada al comercio marítimo de la sal y otros productos. Ello dio lugar a una importante flota de barcos de vela que a lo largo del S. XIX y primer tercio del S. XX se dedicaron al comercio marítimo en navegación de cabotaje y de altura. Los viajes se realizaban mayoritariamente a Cuba y Puerto Rico, donde la Habanera ya se cantaba y bailaba desde mediados del S. XIX. El cargamento de salida era teja plana y sal, que en destino eran cambiadas por productos tan exóticos como la caña de azúcar, maderas como la caoba, el cedro, tabaco o el cacao. La habanera ha calado hondo en Torrevieja y sus gentes, siendo un fenómeno sociológico, hasta el punto que los torrevejenses la utilizan hasta para acunar a los niños y, en muchas sobremesas, surge espontáneamente recordando tiempos vividos y añorados. En el año 1955, fruto de la importancia otorgada por este pueblo a esta melodía, nace el primer Certamen Internacional de Habaneras, que en la actualidad, está considerado de interés turístico internacional.

El siguiente punto, el Centro de Interpretación de la Industria Salinera, está en el mismo inicio de la vía verde, un sendero de 7Km, en un almacén de mercancías de la antigua estación de ferrocarril y alberga una gran cantidad de material expositivo que explica las particularidades de la explotación salinera torrevejense, una de las más importantes de toda Europa.

Después hay que visitar las lagunas de Torrevieja y La Mata. Dos espacios lagunares en el contexto geográfico del sureste ibérico y se integran en el conjunto de espacios naturales protegidos de la Comunidad Valenciana con la categoría de parque natural, con un total de 3.754,8 Ha. La Laguna de Torrevieja, sobre la cual se llevan a cabo las tareas de explotación de la sal, tiene una extensión de 1.400 Ha, un perímetro de 17 km., una longitud aproximada de N a S de 5,5 km. y unos 3 km. de anchura de E a O, distando 1,5 km. de la ciudad de Torrevieja y 1 km. con respecto a las aguas del mar Mediterráneo.

En el pasado, las Salinas de Torrevieja eran consideradas Cotos Reales y pertenecían al Concejo de Orihuela, hasta que en el año 1759 se produce su reversión. La principal fórmula de explotación de las salinas era el arrendamiento, pero debido a la insuficiencia productiva de las Salinas de Torrevieja, se generó un desinterés general entre los arrendadores que dio lugar a un, por lo menos, curioso proyecto: convertir en albufera de pesca la laguna de Torrevieja.

El proyecto de convertir la laguna salinera en albufera de peces tuvo muchos inconvenientes: una vez conseguido el arrendamiento, el mantenimiento resultó muy costoso, debido a la dificultad de comunicar permanentemente la albufera y el mar, ya que eran muy frecuentes las obstrucciones del acequión de comunicación, constantemente colmatado. El acequión es un canal artificial que fue construido en el año 1482 para permitir la entrada de aguas a la Laguna de Torrevieja, que al encontrarse por debajo del nivel del mar permite la entrada de agua por gravedad. Una de las obras de ingeniería hidráulica más antigua de toda la provincia de Alicante. En el cauce del canal se encuentra un puente de sillería del S. XV, una de las piezas con más historia de nuestra ciudad.

La ruta sigue recorriendo el Paseo Marítimo Juan Bautista Buades, observando la panorámica del recinto portuario y el Puerto Deportivo Marina Internacional. Al final de este trayecto, ya en el paseo Vista Alegre, está el Monumento al Coralista, obra realizada por el escultor Pedro Llorente dedicada a quienes tienen o han tenido relación con las agrupaciones corales torrevejenses. Desde el monumento se ve el Museo del Mar y la Sal.

El museo es fundamentalmente etnológico y expresa la compleja relación entre el mar, la sal y Torrevieja. La artesanía salinera también guarda un importante lugar dentro del museo, una actividad única en el mundo que se viene desarrollando desde el S. XIX.

En las inmediaciones museo se encuentra el Conjunto Histórico Monumental de las Eras de la Sal, unos de los recintos más singulares de la ciudad de Torrevieja, ya que desde finales del S. XVIII se estableció como el sistema de acopio, de embarque y carga de explotación de las salinas de Torrevieja. Este conjunto de muelles y embarcaderos se empieza a construir en los inicios del último cuarto del S. XVIII, en el lugar más adecuado para el embarque de la sal extraída en la entonces Albufera o Laguna Grande de Orihuela.

FUENTE:
Ayuntamiento de Torrevieja

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Descubriendo Torrevieja. Ruta marinera.

Caminando por la ciudad de Torrevieja uno puede ir descubriendo su historia. Desde la emblemática plaza de la Constitución, donde está la iglesia de la Inmaculada Concepción y el Ayuntamiento, hasta el Paseo del Dique de Levante, uno va encontrando lugares pintorescos y que relatan el pasado marinero y pesquero de la población.

En la plaza de la Constitución destaca la iglesia de la Inmaculada Concepción y el Ayuntamiento. De esta iglesia destaca su sencillez, sobresaliendo dos torres campanario idénticas, rematadas con figuras apiramidadas clásicas. El cuerpo central está constituido por un doble fortín triangular, flanqueado en su parte inferior de la Iglesia comprobaremos que sigue un estilo de líneas neoclásicas, destacando su planta de cruz latina con una bóveda de cañón con lunetos en la nave central y de aristas en los laterales. El crucero lo hace con cúpula sobre pechinas y destaca el retablo de la cabecera, con una estética neoclásica donde se combinan diferentes simetrías y formas. También aparecen detalles del eclecticismo, movimiento de finales del S. XIX y principios del S. XX, que mezcla elementos artísticos clásicos y árabes. En la hornacina central resalta la imagen de la Inmaculada Concepción, colocada en el altar mayor en el año 1791 representa la pervivencia por el gusto barroco.

El Casino de Torrevieja es otro de los edificios más representativos de la ciudad y recoge la sede de la Sociedad Cultural Casino de Torrevieja, fundada el 1 de febrero de 1867. La estética del edificio, de estilo modernista, se encuadra dentro del denominado fin de siglo, muy utilizada a finales del S. XIX y principios del S. XX, aplicando diversas técnicas y materiales. A los que frecuentaban el Casino se les conocía como los del "zapato" y a los de este Café de España, otro de los lugares más típicos de Torrevieja, como los del "alpargate”. El Café de España era bolsa de embarque de todo el litoral mediterráneo. Armadores, capitanes y consignatarios acudían con la seguridad de encontrar allí grumetes, marineros, cocineros, contramaestres e incluso patrones.

La siguiente parada es el Submarino S-61 Delfín, un ejemplo más de la tradición marinera de la ciudad. En el año 1971 Torrevieja entrega la bandera de combate al S-61, para 33 años después, acogerlo como museo flotante. Se convierte así en el primer buque de la armada española que se configura como museo flotante, una visita que no debes olvidar. El Delfín cuenta con un total de ocho cámaras, repartidas en sus 57,8 metros de eslora. De popa a proa nos encontramos con la cámara de torpedos, la cámara de sub-oficiales, la cámara de propulsión, la cámara de navegación, la central de operaciones, la cámara de oficiales y la cámara de torpedos, ya en la proa de la nave. Las dimensiones de la nave son importantes, con un desplazamiento de 1043 Tm, una eslora de 57,8 metros, un calado de 4,6 y una manga de 6,8 metros. La velocidad de superficie rondaba los 13,5 nudos y la de inmersión 15,5, contando con una dotación de un Comandante, 7 oficiales, 15 sub-oficiales y 33 marineros. La entrada es gratuita e incluye una visita guiada.

El Patrullero de Vigilancia Aduanera Albatros III perteneció al servicio de vigilancia aduanera hasta el 23 de Marzo de 2006, cuando pasa a establecerse como el segundo museo flotante de la ciudad. Al igual que el S-61, estamos ante una nave de dimensiones considerables, aunque algo más reducidas. El Albatros III cuenta con una eslora de 32 metros, una manga de 5,38, un calado de 3,05 metros y un desplazamiento de 84,68 Tm, alcanzando una velocidad de hasta 30 nudos. La entrada es gratuita e incluye una visita guiada.

El Paseo del Dique de Levante es una de las piezas más representativas del puerto de Torrevieja, con un recorrido de 1440 metros en el que encontrarás el Monumento Homenaje a la Mujer del Marinero, una de las figuras más populares de la ciudad. Este dique posee dos alineaciones que forman un ángulo de 161º: la primera tiene unos 600 metros y sigue una dirección S-SW (eficaz orientación para la rotura de la ola del viento de levante), mientras, la segunda, se alarga de manera casi paralela a la costa a lo largo de unos 800 metros. Justo enfrente nos encontramos con el dique de poniente, con una longitud de 788 metros y dirección NW-SE, perpendicular a la costa de Torrevieja, que permite el atraque de barcos con un calado máximo de 8 metros.

La función de este último dique tiene mucho que ver con la explotación salinera, ya que existe una cinta transportadora que traslada la sal hasta el mismo. Si nos fijamos podremos observar acumulaciones de sal, que posteriormente son trasvasadas a los barcos mercantes, casi todos con puertos de destino en el norte de Europa. Esta característica confiere a la explotación salinera una mayor personalidad, al integrar su proceso productivo. Con la construcción del dique de poniente se dio por terminado el puerto de Torrevieja, un puerto cuya máxima funcionalidad es la actividad deportiva y la salinera, mientras que la pesca ocuparía una retrasada tercera posición.

Desde el faro del puerto, al final del dique de levante, tienes una espectacular panorámica de la dársena torrevejense, un lugar privilegiado para interpretar algunos de los aspectos más interesantes del puerto de Torrevieja.

El puerto de Torrevija data del S. XIX. La flota mercantil y pesquera crecía constantemente, e hizo necesaria la construcción de espigones que resguardasen a las flotas de los fuertes vientos de levante y lebeche. Hasta la construcción del puerto de Torrevieja, todo el embarque de la sal se hacía en la pedanía de La Mata, hasta que en 1768 se traslada a Torrevieja, que por aquel entonces ya contaba con unas 106 familias.

Este puerto, todavía sin espigones de protección, estaba situado entre el inicio del dique de levante y el rincón que constituye Cala Cornuda, rada de reducidas dimensiones que incluía las actuales Avda. de la Libertad, Plaza Capdepont y Castelar, su fondo estaba formado por un lecho de arena y algares, lo que ofrecía mejores condiciones que la antigua rada de La Mata. Por este motivo, en el año 1802 se ordena el traslado de la administración salinera a Torrevieja.

El arranque del antiguo muelle, denominado "Muelle Mínguez", se encuentra en el actual bar La Marina. Junto a esta caseta se almacenaban los remos de los veleros y sus escalamos. Era un punto de reunión de chiquillos que esperaban en aquel punto la llegada de los botes, comprometiéndose a baldear a cambio de poder pasearse y aprender a remar.

Desde el año 1856 se suceden numerosos proyectos de puerto, dependiéndose entonces sobremanera de los vientos de levante y lebeche, este último en sensible menor medida. Durante la Primera Guerra Mundial nos encontramos con la fase culminante de la actividad marítima torrevejense, ya que las naciones beligerantes como Francia empiezan a demandar alimentos. En estas fechas la Memoria de la Asociación General de Navieros Españoles de 1918 señala un total de 214 compañías y da noticia de los correspondientes a Torrevieja, destacando entre ellas Parodi Hermanos. Tras la primera contienda mundial la flota mercante torrevejense entra en declive, al superar los vapores las expectativas de los veleros torrevejenses. No se ha de olvidar tampoco el desarrollo de puertos vecinos como Alicante y Cartagena, lo que hizo que el puerto torrevejense se configurase como un puerto monofuncional: la exportación de sal. En 1951 se produce el arriendo de Unión Salinera a la Nueva Compañía Arrendataria de las salinas de Torrevieja, lo que desembocó en un compromiso del Estado para la construcción de un dique dedicado al embarque de la sal. Nace así el dique de poniente, que hoy es el actual embarcadero de la sal, divisable desde el dique de levante. La construcción de este dique fue muy costosa, ya que se topó con una losa que dificultaba el dragado seriamente. Mediante detonaciones controladas de dinamita se intentó solucionar el problema, pero tras numerosos intentos, la compañía adjudicataria desiste y no logra los calados propuestos.

En cuanto a la flota naviera torrevejense se desarrolla, fundamentalmente, en la segunda mitad del S. XIX. En estos momentos, los calafates locales (o carpinteros de ribera) diseñan y construyen barcos de poco tonelaje (faluchos y balandras), destinados al comercio con el Norte de África. Con el paso del tiempo, la pequeña burguesía local adquirió barcos de mayor eslora y capacidad, con los que se logró conectar con puertos mediterráneos situados en Italia, Francia, etc. A finales del XIX los destinos geográficos se ampliaron hasta el continente americano, principalmente a puertos de las Antillas y el Golfo de México. Sobre mediados de los años 40 del S. XX, la flota de veleros que tenía Torrevieja fue vendida a grandes navieras, quedando tan sólo alguna balandra o motovelero. La llegada del motor en los años 30 favoreció el declive de la flota naviera local.

Además, en los años veinte del S. XX, Torrevieja era un gran foco pesquero, junto con Santa Pola, dominando por aquel entonces las artes pesqueras como la "pesca del ramo de pino", las morunas, el tresmalle, el palangre o las "vacas" de arrastre, la modalidad más importante. También la pesca fue una actividad primordial en los años de posguerra, al facilitar la vida en estos duros tiempos (se pagaba en especie y el marinero llegaba a realizar trueques por otros productos). En la década de los años 40 los activos dedicados a la pesca doblaban las cifras de veinte años atrás.

A mediados del S. XX la pesca se configura como la segunda actividad económica de la ciudad, en sensible diferencia con la explotación salinera. Con el aumento de la flota se asiste al progresivo agotamiento de los caladeros locales, los rendimientos caen y los pescadores inician un cambio de rumbo en sus vidas en busca de un trabajo estable y compensado.

Junto con la llegada masiva de turistas, los años 60 se caracterizan por la modernización del sector, tanto en el proceso productivo como en las infraestructuras: se construye el edificio de la lonja, la explanada ganada al mar que hoy ocupa la fábrica de hielo y los muelles pesqueros; obras éstas que formalizan el puerto de Torrevieja tras la construcción del dique de poniente.

Este proceso innovador, como casi todos, desembocó en una reducción de personal, al limitarse notablemente la necesidad de trabajadores. En este contexto, el turismo empieza a generar las primeras urbanizaciones, se definen de esta forma los matices urbanísticos de la ciudad: la actividad salinera y pesquera, fuentes económicas originarias, dejan su privilegiado lugar al desarrollo del turismo.

FUENTE:
Ayuntamiento de Torrevieja

Más Información:
Guía: Torrevieja, encantos por descubrir

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Descubriendo los hornos de Cal de la provincia de Valencia

ruta dels forns de calcUn oficio que ha estado vinculado a la tierra, como una ocupación propia del sector primario, mayoritario de las sociedades de autoconsumo, era el del calcinero. Era el encargado de limpiar la sierra de ramiza y de recoger la piedra calcárea que afloraba de manera natural. La cal, que producían a partir de una cocción controlada, tenía aplicación en la obra, la agricultura y la ganadería, creando un ciclo vital casi perfecto desde el punto de vista medioambiental Cada calcinero llevaba su propia cuadrilla, que era esencialmente familiar y que se incrementaba con jornaleros más o menos fijos y más o menos especializados. El espacio físico del horno raramente era propiedad de quien se ponía a quemar. Los hornos estaban situados en propiedades comunales de los municipios y los calcineros los utilizaban alternándose de manera rotatoria y discrecional; o bien eran tierras de alguna heredad. La propiedad de la finca rústica en la que estaba enclavado el horno recibía beneficios, en porción de cal o en leña. No se cobraba nada ni por la piedra ni por el uso del horno. Era un oficio duro y tenaz, donde las ganancias eran pocas en comparación a las penalidades que tenían que pasar.

Actualmente aún se pueden encontrar restos de aquellos hornos en los que trabajaban dispersos sobre todo la provincia de Valencia, donde se puede identificar más de una treintena. Gran parte de estos se encuentran medio derruidos, otros han sido invadidos por la maleza y otros, convertidos en basureros o simplemente derribados por la acción irrespetuosa del hombre. Los que aún pueden verse reflejando como fueron mientras tuvieron uso forman parte de las rutas que el Ayuntamiento de la localidad invita a hacer para conocer un oficio que ha pasado a la historia.

Los hornos se encuentran integrados en el paisaje, normalmente camuflados bajo la masa vegetal, o poco visibles por su estado de derrumbe y los tradicionales solían estar próximos a yacimientos o puntos de extracción de las materias primas, la piedra y la leña. Cerca del horno había una barraca utilizada como refugio durante la quema, cuando el horno debía estar atendido sin interrupción. La capacidad de los hornos oscilaba entre las 30 y 50 toneladas de piedra viva, aunque los podía haber más grandes. La duración de la quema era relativa, pero normalmente se empleaban unas 72 horas ininterrumpidamente. Los calcineros hacía turnos día y noche para controlar la quema, hasta que las llamas que salían por la capucha presentaban una coloración azulada y el color de la piedra adquiría la tonalidad propia de la cal. Esta era la señal del final de la cocción. Una vez el horno se había enfriado, se tenía que sacar la cal y ensacarla o triturarla. El vaciado del horno se hacía de forma manual, comenzando por el centro del “cóp”. Era un trabajo duro, pues el horno conservaba todavía una elevada temperatura.

La cal, óxido impuro obtenido del calentamiento de la piedra calcárea a temperaturas superiores a los mil grados centígrados, se usaba para la construcción, para blanquear las fachadas y el interior de las casas, además de su uso decorativo, servía para darle a la casa impermeabilidad y aislamiento térmico. En la agricultura se utilizaba para evitar diversas plagas, y en el campo de la sanidad, como desinfectante y purificador de aguas (era costumbre tomar agua con cal para suplir las faltas de calcio). Industrialmente se ha utilizado como componente básico en la fabricación de vidrio, papel y cerámica.

FUENTE:
Valéncia Terra i Mar

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Turismo Religioso

El Turismo Religioso es aquel que tiene como motivación la fe en una religión, si bien en los últimos tiempos muchas de sus rutas y destinos son consideradas también como oferta Cultural (y sus monumentos o ciudades protegidas como Patrimonio de la UNESCO). Según la Santa Sede, son millones las personas que acuden a lugares santos cada año, y lo hacen desde tiempos ancestrales. Sus viajeros, cuando procesan la religión Católica, son llamados “peregrinos” desde el siglo XII (peregrinus, en latín, se llamaba al viajero que recorría países extranjeros o en los que carecía de derecho de ciudadanía, y proviene del término peregrinatio que significa estancia fuera del país o visita a los países extranjeros). Hoy también pueden considerarse peregrinos los fieles de otras iglesias, como el Judaísmo o el Islam.

Sus rutas y destinos más consolidados están establecidos desde tiempos inmemorables, como son la ruta de Santiago de Compostela en España, los santuarios de Lourdes y Fátima en Francia y Portugal, o la peregrinación a ciudades “santas” como Roma, Jerusalén, La Meca, etc. A éstos se suman actividades extraordinarias, encuentros específicos, y fiestas populares con raíces religiosas, que sirven de promoción como es la celebración de la Semana Santa en España, que llena cada año de miles de visitantes ciudades como Málaga o Sevilla.

La importancia de este sector es tal que tienen sus propios turoperadores, como es el del Vaticano, Opera Romana Pellegrinaggi, que va incluyendo nuevas rutas cada año (por ejemplo, la Ruta Mariana con un itinerario de 9 días/8 noches en el que se visitan los 4 santuarios, con origen en Roma y hasta Barcelona).

FUENTE:
R. López, Museo del Turismo.

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