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El Bikini, Benidorm, Marbella y Santander

Tres son las ciudades que se disputan haber sido las primeras en permitir el bikini en la España del dictador Francisco Franco: Benidorm, Marbella y Santander.

Benidorm
En Benidorm el alcalde, Pedro Zaragoza, lo hizo dictando una ordenanza en 1952, apenas seis años después del invento, desafiando las normas de moral impuestas por el régimen, lo que a punto estuvo de costarle la excomunión. Aquella norma municipal permitía el uso "en todo el término municipal", y pretendía conseguir normalizar unas leyes viciadas y ajenas a la realidad de las veraneantes suecas en las playas de la Costa Blanca.

Pedro Zaragoza fue un visionario que consiguió transformar el pequeño pueblo de 3.000 habitantes en la principal industria turística de la Comunidad Valenciana. Dos ministros, Luis Jiménez y Arias Salgado, junto al arzobispo de Valencia, promovieron su excomunión cuando conocieron el atrevimiento del que también era Jefe Local del Movimiento. A sus 84 años, Pedro Zaragoza todavía recuerda hoy la angustia con la que vivió aquel momento: "En aquella época una excomunión no era como ahora. Implicaba que te quedabas sin derechos civiles. Eso afectaba a mi mujer y a mis hijos", explica. El entonces alcalde, con 29 años, llevaba dos en el cargo y viajó en moto Vespa a Madrid para entrevistarse con el jefe de Estado.

Era una situación límite que requería una solución también extrema. Pedro Zaragoza consiguió que el general le recibiera, logrando de él un acuerdo tácito envuelto en la sonrisa gallega del dictador. Es decir, Franco no desautorizó a sus ministros, "ni había dicho que sí ni que no, pero... se había sonreído", recuerda. Y esto, para Zaragoza ya era todo.

Además, fue quizá el gesto tan inusual y pintoresco, y la franqueza del joven alcalde, lo que singularizó y le valió en lo sucesivo la amistad personal de Franco. "Me dijo que cuando tuviese problemas gordos me dejase de gobernadores y ministros y acudiese directamente a él", añade. Pedro Zaragoza señala con orgullo: "Y el Generalísimo dio órdenes para que las puertas del Pardo estuvieran abiertas para mí, porque le decía la verdad". Así fue cómo Benidorm y su alcalde se conocieron en toda España. Y así se ganó en la capital de la Marina Baixa una importante batalla turística: la del bikini, que desde entonces lució y dejó lucir no sólo en las playas, sino en las calles y en las plazas de la ciudad.

Unos días después de aquella visita a El Pardo llamaron a la familia para decirle que preparara las camas porque la mujer y la hija del dictador se venían de vacaciones a Benidorm: "Aquello significó un gran respaldo para mí frente a quienes habían querido excomulgarme. A partir de entonces la familia volvía todos los veranos".

Marbella
A pesar de haber evolucionado con modelos turísticos diferentes, el bikini consiguió imponerse en Marbella gracias a la vista gorda realizada por una persona con tanta autoridad en la Costa del Sol como la que tenía Pedro Zaragoza en Benidorm, si bien en esta ocasión, sin mediar autorización escrita. El cura Rodrigo Bocanegra Pérez era omnipresente en la ciudad malagueña, un visionario que controlaba desde su despacho en la iglesia Nuestra Señora de la Encarnación todos los movimientos políticos, sociales y económicos de la zona. "No pasaba nada en Marbella que no estuviera bendecido por él", afirma el historiador local Francisco Moyano, uno de los mayores estudiosos de la obra de Bocanegra. "Estaba muy bien relacionado con Franco y algunos ministros que solían veranear en Marbella. El pueblo tendría entonces unos 15.000 habitantes y era muy abierto. En los años cincuenta nuestra iglesia era una de las pocas del país donde las mujeres podían entrar sin velo, y no diré que con minifalda, pero casi", explica Moyano. Bocanegra tenía sus enemigos, que recuerdan el carácter caciquil de su gestión: "Era cura, médico, capitán de la Guardia Civil y alcalde. Lo era todo", señala un marbellí conocedor de la historia local. Ante esa autoridad, "ni los más papistas que el Papa" iban a cuestionar su decisión.

Santander
La tercera ciudad que se apuntó a la carrera compartía con las dos anteriores su europeísmo. Los cursos que impartía la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en el Palacio de la Magdalena de Santander eran un oasis en la España de los sesenta, con un grado de libertad que se traían consigo las estudiantes francesas. José Ramón Sainz Viadero, autor de la Guía secreta de Santander, recuerda que las jovencitas de la nación vecina exhibían sus cuerpos semidesnudos en la bautizada popularmente como bikini beach, en la península de la Magdalena, alejada del núcleo urbano. "Era algo que estaba totalmente prohibido. En la misma playa había carteles con la orden de prohibido permanecer sin usar el pantalón de deporte o meyba los señores y las señoras en minifalda", explica Sainz Viadero, que recuerda además que a sólo diez minutos se encontraba otra playa bautizada popularmente como la de acción católica. "Aquello era un reducto de libertad en el que mandaba la fuerza estudiantil. Los jóvenes aprovechaban para ligar, y algunos practicaban el paleo", que es la forma santanderina de llamar al fisgón.

Al igual que Santander, las poblaciones litorales de la Costa Brava y las islas Baleares fueron incorporando al paisaje costero de forma cada vez más normal la prenda de baño que exhibían con total normalidad las turistas europeas, venciendo las reticencias de la moral de la época.

El mérito de Benidorm, Marbella y Santander fue mayor al tener que superar estos escollos. De hecho, no fue hasta 1965 cuando Raquel Welch posó para la revista Life en una foto para la historia del bikini, casi veinte años después de que Reard y Heim tuvieran que contratar a una cabaretista ante la negativa de las modelos de la época a mostrarse públicamente cubiertas con tan poca tela.

FUENTE:
Reportaje “El bikini cumple 60 años”, S. Castillo. El País
Foto: Quico

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Sol y playa. Benidorm

Antes de los años 20 Benidorm ofrecía alojamiento en una casa de baños y varias de huéspedes, abriendo también el primer hotel en la playa de Levante. Aquel germen creció en la década de los 50, tiempo en que Benidorm realizó una profunda transformación tanto en el aspecto urbano como en las costumbres. Después llegarían los primeros turoperadores, y el crecimiento vertiginoso de la planta hotelera. Benidorm como capital del turismo de sol y playa en la península ya era un hecho. 

Antes de aquel primer hotel existió una casa de baños y varias de huéspedes. Y tras él comenzarían a abrir otros tantos, como el Marconi, el Victoria o el Alameda. Aun así fue la década del 50 al 60 cuando se conoce como "Los Hoteles del Paraíso" de Benidorm, emergiendo a lo largo de su costa, en Levante.

Una década después, empezarían a llegar los primeros turistas a través de turoperadores extranjeros, que invertirían en ampliar los establecimientos existentes e inyectar capital en nuevos proyectos a cambio de camas hoteleras. 

A comienzos de los 80 Benidorm copaba el 60% de la oferta hotelera de toda la Comunidad Valenciana, la cual sería renovada a partir de 1995. Desde entonces hasta la fecha no ha cesado de transformarse. Antiguos hoteles se han reinventado y nuevos, en proyección horizontal y de clasificación de lujo, también han aparecido en escena. Paralelamente al sol y playa que los turistas encontraban en el destino, se sumaron igualmente otros atractivos, como parques temáticos (es la ciudad española con más per cápita); y desde la iniciativa privada se ha pujado por poner en alza la comarcalización presentando la oferta cultural y gastronómica de las localidades cercanas. Como ejemplo, a cinco kilómetros de la playa de Levante, se ha inaugurado el primer museo al aire libre de la Comunidad Valenciana, en El Albir, que expone una antigua villa romana. A pocos pasos de la misma se encuentra la Fundación Frax, contenedor de arte moderno, y único lugar de la provincia, junto con el MACA de Alicante y el CADA de Alcoy, conveniado con el Consorcio autonómico de Museos.

FUENTE:
R. López, Museo del Turismo

Más Información:
Benidorm, Los hoteles del Paraiso 1954-1964

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Benidorm

Si una ciudad ha sido representativa del turismo y del ocio a todos los niveles, tanto en España como en Europa, desde hace varias décadas, ésa es Benidorm. Y no solo por su espléndido clima Mediterráneo, que posibilita una estancia magnífica en cualquier época del año, por la hospitalidad de sus gentes o por tratarse de una ciudad concebida para el disfrute del visitante, sino porque conjuga su afamado entorno turístico de bellas playas con una gran oferta de alojamientos, ocio, servicios y restauración que la convierten en un destino ideal, tanto para disfrutar de ella en época vacacional como para la celebración de congresos y todo tipo de encuentros profesionales.

Benidorm, por otra parte, fue destino de veraneo y estancias vacacionales de familias adineradas del interior de la provincia y de Madrid a finales del siglo XIX. Existía por entonces un balneario, el Virgen de Sufragio, y algunas casas de los primeros turistas.

El primer hotel, sin embargo, se puso en marcha en los años 20. Desde entonces hasta hora la planta hotelera ha ido creciendo, renovándose y adecuándose a los nuevos tiempos, al igual que la propia imagen y distribución urbanística de una ciudad pensada para el disfrute.

FUENTE:
R. López, Museo del Turismo.

Más Información:
Benidorm, 200 años de turismo
Guía: Benidorm, Open 24 H 365D
Guía de Ocio Benidorm
Guía del congresista Benidorm - Información Técnica de Interés

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